Astrología
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¿Astrología? ¿Qué es?

A menudo me encuentro con personas que, ante la noticia de que soy astróloga, me miran con sorpresa y curiosidad. Otros, en su mayoría del sexo masculino, pasan de inmediato a mirarme con cierta desconfianza y ojo crítico: “¿a ver qué dice ahora?”. Por favor, público masculino, ¡no tome ésto como una acusación! Es natural que dicho escepticismo sea más común en los hombres que en las mujeres: la naturaleza masculina tiene que ver con el pensamiento más racional, con las herramientas, con la tecnología. Lo femenino está estrechamente vinculado con la madre tierra, las intuiciones, la fertilidad, la percepción más sensible, el misticismo. Si bien ambos principios – masculino (yang) y femenino (ying) – están presentes en hombres y mujeres, son los hombres quienes suelen tener mayor necesidad de una explicación racional que otorgue validez a lo que escuchan.
Casi nunca falta la persona que me dice: “¿sabés leer la mano?”, o que me haga preguntas del estilo “¿cómo son los de Leo?”, o “¿cómo se lleva Géminis con Acuario?”. Las últimas dos preguntas son válidas, y aunque la primera pueda parecer fuera de lugar (y, desde el punto de vista del astrólogo, lo sea), me gustaría aclarar que también en la quiromancia se aplican conceptos astrológicos (el “monte de Mercurio”, o la “línea de Saturno”, por ejemplo). De todas maneras, sin perderme de lo que me concierne, me interesa aclarar que mucho del descrédito y la desconfianza que se le tiene a la astrología es principalmente a causa de una mala divulgación, una mala educación. ¿De qué se trata la astrología en realidad? ¿Qué es? ¿Cómo se la puede utilizar?
A pesar de los miles de años transcurridos desde la aparición de la astrología (3.000 a.C. apróx.), su fundamento lógico aún no ha podido ser explicado por el ser humano. Por ende, si bien posee un sistema interno y un método, no se la puede calificar de ciencia. Precisamente, en una cultura como la nuestra, tan atravesada por el marco positivista, es éste el motivo por el cual muchos la ponen en duda o, directamente, la censuran de inmediato. Se trata de un conocimiento con una gran connotación espiritual; es el lenguaje cósmico más comprensivo y aplicable universalmente que el hombre conoció.
Se puede definir a la astrología como una disciplina que estudia el vínculo entre la energía de los cuerpos celestes y lo que se vive en la Tierra. Partiendo de la idea de que cada planeta representa una fuerza o energía arquetípica, podemos decir entonces que la astrología es un lenguaje de principios universales, o arquetípicos, apuntando a una unidad entre el hombre y el universo. No debemos olvidar que cada individuo es en sí un pequeño universo (o microcosmos) que se relaciona con el universo que lo rodea (o macrocosmos).
En el uso de la astrología se parte de una estructura geocéntrica porque para las personas que viven en este planeta, éste es el centro de su mundo; así como cada uno de nosotros es el centro de su mundo personal.
Por otra parte, la veracidad de los principios o energías que componen la astrología puede comprobarse a través del método estadístico (aunque debe agregarse que por medio de las estadísticas y la verificación objetiva puede perderse parte de la sutileza y la profundidad de cada caso particular). Con esto también debe aclararse que la astrología no es algo con lo cual se pueda hacer generalizaciones, puesto que cada persona, así como cada momento, son únicos e irrepetibles, y una misma energía o emplazamiento astrológico puede manifestarse de muchas maneras.
Precisamente, con respecto a esta última idea, son muchos los astrólogos (o que al menos dicen serlo) que cometen el grave error de, por ejemplo, emitir una interpretación general para las personas de un determinado signo del zodíaco. Si bien los doce signos representan doce arquetipos, realidades, o estilos de vida diferentes, adjudicar en un cien por ciento a una persona la descripción de su signo es algo completamente erróneo, dado que cada individuo es una integración de los doce. Mientras una persona puede ser, por ejemplo, de Sagitario, su signo ascendente podrá ser otro; así como también podrá tener a Venus, a Mercurio o a cualquiera de los planetas restantes en otros signos. Con esto se trata de demostrar que no se puede limitar el mundo interno de una persona ni su particularidad a la simple descripción de un signo del zodíaco, ni clasificar a la humanidad entera en doce tipos diferentes.