Astrología
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Astrología entre medios

Una nueva noticia llegó a la ciudad. Aparece en los diarios, se propaga por páginas web, está en boca de todos. Seguramente haya llegado a la radio, aunque hace bastante que no la escucho, con lo cual no lo puedo confirmar. Se comenta entre charlas informales de los locales comerciales de Buenos Aires y se convoca también en aquellos momentos en los que la conversación en cuestión carece de un fin concreto. Hasta mi amigo de Portugal me ha preguntado: “María, ¿qué es esto?” Se desparrama por el mundo.
Aunque me pese decirlo, algunos aspectos de la astrología son tomados a menudo como comentarios de salón: “¿De qué signo sos? Ay, sí. Yo siempre me llevé tan bien con los de Libra!” “¡Los de Aries son tremendos!” No obstante, los medios de prensa y difusión parecen haberse enfocado en introducir una nueva variante: “¿Escuchaste hablar del signo nuevo?”.

“Ofiuco” – así es como lo llaman – no es más que otra farsa mediática. Explican a su vez que, si bien para los antiguos mesopotámicos los signos eran doce, el sistema Maya se basaba en el número trece, con lo cual la existencia de Ofiuco vendría a reivindicar la validez de este último. Me gustaría aclarar aquí que la astrología, tal como la conocemos en la actualidad, nació en el año 3.000 a.C. aproximadamente, en la “media luna de tierras fértiles” que componía el antiguo territorio de los pueblos mesopotámicos. Esto no quita validez a la astrología maya, en absoluto. Son dos sistemas distintos, dos enfoques, dos formas.


Pero eso no es todo. Hay otra “novedad” que se comenta: el movimiento de precesión de la Tierra – sumado a la supuesta aparición de Ofiuco –hace que todos los signos zodiacales queden casi un mes desfasados. Centenares de personas leyendo su horóscopo en el periódico, mientras toman su café por la mañana, comienzan a dudar entre leer la interpretación correspondiente a su signo, o la del signo del mes anterior. Miles, leyendo ambas interpretaciones, sólo para sentirse un poco mejor si la de su signo no las ha dejado contentas. Aquella dama a quien tanto le costó retener en su memoria el signo de su apuesto galán para poder verificar en las revistas si su corazón es compatible con el de aquél, se encuentra frente a la disyuntiva de tener que recordar una segunda opción, sólo por las dudas. A todos ellos, tengo algo para decirles: ¡el movimiento de precesión de la tierra estuvo siempre! Y cabe aclarar, además, que lo que toma en cuenta la astrología es sólo un aspecto del mismo, que es la inclinación del eje terrestre (unos 24º aproximadamente). En lo que se llama astrología sidérea, los astrólogos trabajamos los datos de la carta astrológica teniendo en cuenta la inclinación del eje en cuestión, y los resultados de la carta sidérea son tenidos en cuenta al momento de interpretar la carta astrológica natal. Por ende, nadie es del signo anterior, sino que ¡siguen siendo del mismo!


Así buscan confundirnos. Hace no muchos años comenzó a difundirse que Plutón ya no es un planeta, sino que por estudios más precisos se llegó a determinar que se trata en realidad de un planetoide. Ya teníamos a varios escorpianos preguntándose cuál sería entonces su planeta regente. Es importante aquí realizar una distinción: la clasificación que se ejerza sobre los cuerpos celestes responderá al recorte que los profesionales de la astronomía consideren pertinente, es decir, que responden a un marco teórico. El nombre del objeto en sí, su denominación y reubicación en un grupo de acuerdo a caracteres más precisos, no modificará el modo en que ese objeto influye en los hechos y las personas de la Tierra (ubicando ya aquí el estudio de la astrología).


Parecería haber un imaginario instaurado en la gente de que cualquier descubrimiento astronómico estaría invalidando a la astrología. “Nuevos” planetas en nuestro sistema solar, ubicados más allá de la órbita de Plutón, por ejemplo. Esto no anula lo establecido por la astrología anteriormente; por el contrario, la enriquecen y le permiten mayor precisión.
No siempre se trata de un hallazgo  sorprendente que suprime el conocimiento anterior; aunque esto sea tan común para los medios. Pero, naturalmente - y en muchos casos - sin supresión o competencia, no hay polémica ni noticia.